Además de mantener viva la imagen de Lázaro Cárdenas, apoyó a muchos pueblos indígenas injustamente tratados en México. Ella era referente de toda la izquierda iberoamericana, pero también respetada por el presidente conservador Felipe Calderón.
Conocí a Doña Amalia Solórzano, fallecida hace dos días a los 97 años de edad, en 1996, Allí en una reunión organizada por el PRD, su hijo Cuauhtémoc nos presentó a la viuda del General Lázaro Cárdenas, entonces casi un desconocido para mí como para casi todos los españoles en esos momentos; ajenos a la memoria histórica y a la enorme labor de acogida con el exilio republicano realizada por Cárdenas y que él mismo atribuía en gran medida a la iniciativa de Doña Amalia.
Volví a verla un año después, cuando Cuauhtémoc fue el primer Gobernador elegido democráticamente en Distrito Federal. Una elección con resultado abrumador. Tras la protesta (la promesa) en el Parlamento la recepción fue en la casa de Doña Amalia, ella era la anfitriona, todo un símbolo de lo que significaba el comienzo de un horizonte más democrático para México.
Pero fue en 1998 cuando comencé a tener una relación constante con Doña Amalia. La Junta de Andalucía tenía un Convenio con Ciudad de México que no acababa de cuajar. Victor Pérez Escolano me llamó a intermediar con el nuevo Gobierno del DF. A pesar de la voluntad de Cuauhtemoc, sus asesores desconfiaban de los acuerdos del anterior Gobierno y aquello no avanzaba demasiado. Una amiga, Aida Paredes, próxima a Doña Amalia, me alentó a que se lo contase a la viuda del General y en 48 horas todo se arregló. Doña Amalia era la intermediaria ideal para lo que viniese de España. A partir de ese momento frecuenté a Doña Amalia, en cada viaje busqué un rato para visitarla en la calle de Andes, en Lomas de Chapultepec.
Ella comenzaba la conversación con un "quihubo por allá" y seguía con un análisis bastante certero de lo que estaba pasando en México, las historias sobre su vida con el General Cárdenas y retazos de la vida mundana desde que era joven hasta nuestros días. Era un privilegio tener cada tres o cuatro meses esas dos horas de conversación. Doña Amalia gestionó con enorme dignidad y acierto el legado del General como ningún otro heredero político lo ha hecho en México y dudo que en algún sitio. Era una tarea difícil, y ha ayudado a que Lázaro Cárdenas haya mantenido el respeto de todo México. Ernesto Krauze, reconocido ensayista poco sospechoso de simpatizar con la izquierda, lo presenta como ejemplo de gobernante democrático latinoamericano del siglo XX . Ella, además de mantener viva la imagen de este gran político, tenía opinión y discretamente la manifestaba: Apoyó a muchos pueblos indígenas injustamente tratados en México, su despacho estaba lleno de fotos con ellos.
Ella era referente de toda la izquierda iberoamericana, pero también respetada por el presidente conservador Felipe Calderón que velaba ayer ante sus restos .
Afortunadamente llegó a ver hace dos años el reconocimiento del Gobierno español en un acto en Madrid. También en Sevilla hubo unas Jornadas sobre el exilio español en Mexico. El año pasado la Junta de Andalucía editó una Guía de Arquitectura de Michoacán, el Estado donde nacieron Lázaro Cárdenas y ella misma. Le llevé un ejemplar a su casa con una carta del Presidente Chaves. Era una carta emotiva y disfrutó viendo aquel volumen que le recordaba tantos lugares. Doña Amalia estaba al tanto de las intervenciones que hacemos en los pueblos indígenas de Michoacán. Un acto necesario. Una mínima respuesta de solidaridad a la que ella y su esposo tuvieron con miles de españoles.